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La Fundació Barcelona Capital Nàutica presenta el atractivo calendario náutico de julio

La Fundació Barcelona Capital Nàutica ha presentado este viernes el calendario náutico del mes de julio que promete “convertir Barcelona en uno de los principales epicentros marítimos y deportivos del Mediterráneo”. La agenda, que cuenta con actividades impulsadas tanto desde el ámbito público como privado, contará con importantes regatas internacionales, además de actividades dirigidas a acercar la náutica a todos los públicos, como es el caso de los casales de verano.

Así, el pistoletazo de salida a la temporada estival de actividades, que se lanza un mes antes de la temporada alta, busca la “activación” del frente marítimo barcelonés con grandes competiciones internacionales, actividades populares, vela formativa y eventos vinculados a citas de proyección global, “reforzando Barcelona como ciudad abierta al mar capaz de conectar deporte, ciudadanía, sostenibilidad y proyección internacional”.

De este modo, se desplegará todo un programa de actividades que incluye acciones náuticas vinculadas a la Grand Départ del Tour de France; grandes regatas como la Puig Vela Clásica, la II Regata Costera-Agustí Gómez Rahola, la SoloMed o el Campeonato de Europa de J/70.

Si bien las actividades de julio son las más representativas del calendario náutico, el director general de la Fundació Barcelona Capital Nàutica, Laureà Fanega, ha recordado que “la navegación no solo se da en verano, sino que tenemos la capacidad de realizarlas durante todo el año”.

Olga Cerezo, ha valorado las actividades que impulsa la dársena deportiva para acercar la náutica a todos los públicos, impulsando eventos para personas que “jamás han tenido acceso a la navegación”. Además, el Port Olímpic ha destacado otros acontecimientos solidarios que organiza para, por ejemplo, ayudar en la lucha contra el Alzheimer o el cáncer. “Nos comprometemos con promover una náutica accesible”

Port Olimpic . Apertura al mar. No tiene por qué estar reñido un puerto general a la actividad deportiva o de aficionado. Al fondo, los cruceros ¿Cuán es el problema?.- RM.- NC.-

Permítanme la licencia.

La noticia que llega desde Barcelona, donde la ciudad se prepara para un verano náutico vibrante, abierto y pensado para todos los públicos, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que en Canarias ya suena a resignación: ¿Y nosotros? ¿Cómo es posible que un archipiélago con 1.500 kilómetros de costa siga sin ofrecer a su ciudadanía un acceso real, libre y normalizado al mar?

Mientras en Barcelona se organizan regatas internacionales, actividades populares, programas formativos, casales de verano y eventos solidarios que acercan la navegación incluso a quienes jamás han tenido contacto con ella, en Canarias seguimos atrapados en un modelo portuario y político que parece diseñado para mantener al ciudadano lejos del océano. Allí se habla de activar el frente marítimo, de conectar deporte y ciudadanía, de abrir la náutica a todos. Aquí seguimos discutiendo si se puede botar un kayak sin molestar, si una rampa pública debe estar cerrada, si un muelle puede ser usado sin pertenecer a un club.

La contradicción es tan evidente que resulta casi ofensiva. Somos islas, vivimos rodeados de mar, presumimos de clima, de condiciones únicas para la navegación, de tradición marinera. Y, sin embargo, disfrutar del mar en Canarias es una carrera de obstáculos. La náutica no se ha tratado nunca como un derecho cultural ni como una oportunidad social, sino como un privilegio reservado a quienes pueden pagar cuotas, permisos, amarres o burocracias interminables. Los puertos se han gestionado como recintos cerrados, no como espacios públicos. Las costas se han llenado de limitaciones, vallas y concesiones que, en la práctica, expulsan al ciudadano común.

No es falta de recursos. No es falta de mar. No es falta de condiciones. Es falta de voluntad. Décadas de decisiones políticas y portuarias han consolidado un modelo que protege estructuras, no derechos; que prioriza intereses, no ciudadanía; que ve la náutica como un asunto elitista en lugar de entenderla como parte esencial de la identidad isleña. Y así seguimos: sin escuelas públicas de vela, sin programas accesibles para jóvenes, sin rampas suficientes, sin zonas de varada dignas, sin una estrategia que democratice el acceso al mar.

Barcelona demuestra que otra forma de gestionar el mar es posible. Que se puede abrir, compartir, enseñar, integrar. Que la náutica puede ser inclusiva, formativa, social y cultural. Que el mar puede ser un espacio de encuentro, no un territorio restringido. Mientras tanto, Canarias continúa viviendo del mar, pero no viviendo el mar. Y esa renuncia no es solo deportiva: es cultural, económica y emocional.

Un archipiélago que se respeta a sí mismo no puede seguir de espaldas al océano. No puede permitir que el disfrute del mar sea un privilegio. No puede resignarse a que sus puertos sean fortalezas y sus costas un catálogo de prohibiciones. Es hora de abrir el mar. De verdad. No en discursos, no en folletos, no en promesas. En la práctica. En las rampas, en los muelles, en los accesos, en la formación, en la cultura.

Porque si Barcelona puede, Canarias debería poder aún más. Y porque un pueblo rodeado de mar no merece vivir separado de él.

EG.-

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