Pakistán, que ha anunciado el acuerdo, ha recordado que la normalidad en la zona llevará tiempo pese a la hipotética firma del memorando a finales de semana. Hay letra pequeña en el acuerdo, pero lo importante es que se haya abierto la posibilidad de una paz en la zona y el restablecimiento del tráfico.
RM… En el fondo, ambos países firman porque no hacerlo sería peor. Estados Unidos necesita estabilidad global; Irán necesita ingresos y evitar un conflicto directo. El acuerdo no es un símbolo de paz, sino un pacto de conveniencia.
Tras más de cien días y una última semana especialmente crítica en Oriente Medio, donde la escalada entre EE UU e Irán ha alcanzado uno de sus puntos más críticos, parece que el final del conflicto está más cerca salvo nuevos acontecimientos.
Al menos eso se desprende de los comunicados realizados en el último día por parte de Pakistán -que ha desempeñado un papel de mediador en el conflicto-, y del propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha estado muy activo en la red social Truth.
El Gobierno de Pakistán ha recogido unas declaraciones previas del primer ministro del país Muhammad Shehbaz Sharif, en el que ha anunciado el acuerdo de paz entre EE UU e Irán y la firma de un memorando para finales de esta misma semana. Aunque Pakistán no ha indicado el día exacto de la firma, el presidente estadounidense ha apuntado que la misma se produciría el próximo viernes.
La normalización “requerirá tiempo”
Aunque Pakistán ha explicado las ventajas de este “beneficioso” acuerdo, también ha indicado que las infraestructuras energéticas de la zona “requerirán tiempo para normalizarse”. Además, el comunicado ha destacado la pujanza del mercado financiero pakistaní en las primeras horas tras la realización del anuncio.
Por su parte, Trump ha publicado varios mensajes indicando que el acuerdo “traerá paz y seguridad para toda la región”. Asimismo, ha señalado que la reapertura se producirá el viernes 19 de junio tras la firma del memorando. “El petróleo volverá a fluir en ambos extremos para la región y para todo el mundo”, ha subrayado Trump.
En un mensaje previo, el presidente norteamericano ya había anunciado previamente la apertura de Ormuz “sin ningún peaje y el levantamiento inmediato del bloqueo naval de los EE UU”. En este escenario, y entre signos de exclamación, Trump cerró el mismo mensaje con la frase: “¡Que fluya el petróleo!”.
El presidente Trump, inició otro de sus mensajes atacando al anterior Gobierno de Obama, calificando de “absurdos” sus acuerdos con Irán y apuntando que su estrategia allanaba el camino del programa nuclear de Irán. “Ahora, nuestro acuerdo es un muro que impide que Irán jamás tenga un arma nuclear, todo lo contrario, al acuerdo de Obama”, concluyó el mensaje atacando en concreto a la figura del ex senador Jack Reed, sobre el que ha pedido “un juicio político”.
Al cierre de esta edición, no se han constatado comunicados de las principales navieras en cuanto a cómo abordarán la situación. La agencia Reuters habla de que Maersk “celebra el acuerdo”, si bien no ha propuesto “todavía cambios en lo que respecta a sus operaciones en Oriente Medio”.
Las verdaderas razones detrás del acuerdo para abrir el Estrecho de Ormuz
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán para mantener abierto el Estrecho de Ormuz no es un gesto de paz ni un avance diplomático. Es, simple y llanamente, una necesidad estratégica para ambos. Ormuz es la válvula por la que respira el mercado energético mundial: por ese pasillo marítimo pasa casi una quinta parte del petróleo global. Si se cierra, aunque sea por horas, el planeta entero lo nota en forma de precios disparados, mercados nerviosos y gobiernos temblando.
Estados Unidos no firma este acuerdo por simpatía hacia Teherán. Lo hace porque no puede permitirse que un punto tan crítico quede en manos de la tensión regional. Washington necesita estabilidad en el flujo de crudo para proteger a sus aliados del Golfo, evitar un colapso energético y, sobre todo, impedir que China aproveche cualquier vacío para aumentar su influencia en la zona. Mantener Ormuz abierto es mantener el tablero mundial bajo control.
Irán, por su parte, tampoco actúa por buena voluntad. Las sanciones han dejado su economía al borde del colapso y el petróleo es prácticamente su única vía de oxígeno. Si cerrara el estrecho, perdería ingresos vitales, provocaría represalias militares y aceleraría su aislamiento internacional. Aceptar el acuerdo es, para Teherán, una forma de ganar tiempo, reducir presión y evitar un conflicto que no puede ganar.
En el fondo, ambos firman porque no hacerlo sería peor. Estados Unidos necesita estabilidad global; Irán necesita sobrevivir económicamente. El acuerdo no es un símbolo de entendimiento, sino un pacto de conveniencia entre dos actores que saben que Ormuz es demasiado valioso para convertirlo en un campo de batalla.
Las verdaderas razones detrás del acuerdo para abrir el Estrecho de Ormuz
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán para garantizar la apertura del Estrecho de Ormuz no nace del idealismo diplomático ni de un repentino espíritu de cooperación. Responde a intereses estratégicos, económicos y militares que ambas potencias no pueden permitirse ignorar. El estrecho es una arteria crítica: por él circula cerca del 20% del petróleo mundial. Cualquier cierre, incluso parcial, dispara los precios globales, desestabiliza mercados y amenaza la seguridad energética de Occidente.
Para Estados Unidos, mantener Ormuz abierto es una cuestión de control geopolítico. Washington no puede permitir que un punto tan sensible quede a merced de tensiones regionales o decisiones unilaterales de Teherán. La apertura del estrecho garantiza estabilidad en los precios del crudo, protege a sus aliados del Golfo y evita que China gane influencia aprovechando un vacío de poder.
Para Irán, aceptar el acuerdo no es un gesto de buena voluntad, sino una necesidad. Las sanciones han estrangulado su economía y el país necesita exportar petróleo para sobrevivir. Mantener Ormuz cerrado sólo empeoraría su aislamiento y provocaría represalias militares que no puede permitirse. Además, mostrar cierta cooperación le permite ganar margen diplomático y reducir la presión internacional.
En el fondo, ambos países firman porque no hacerlo sería peor. Estados Unidos necesita estabilidad global; Irán necesita ingresos y evitar un conflicto directo. El acuerdo no es un símbolo de paz, sino un pacto de conveniencia entre dos actores que saben que el Estrecho de Ormuz es demasiado valioso para convertirlo en un campo de batalla.
















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